16 de enero de 2011

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Ayer me miré la espalda en el lujoso espejo de aquella habitación en la que me veo obligada a dormir cada noche. Pude ver los insultos, mentiras y falsos rumores que se dicen sobre mí en el pueblo al que alguna vez pertenecí. También me fijé en mi rostro, y lo vi lleno de dolor, sufrimiento y humillación. Entonces no pude retener las lágrimas... y una noche más dormí encogida y acongojada en esa cómoda cama que no me gusta nada.